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La cerveza se impone

Las corporaciones que desde hace varias décadas controlan el mercado mundial de las cervezas producidas a gran escala, han reforzado su presencia en México utilizando los elementos competitivos más básicos: eficientes canales de distribución, publicidad masiva y disminución del costo de producción, aunque ello implique sacrificar la calidad.

Estos elementos para elevar la competitividad son vigentes, pero también han sumado nuevos que hasta el momento sólo usaban las cervecerías independientes o artesanales, para las que cierta información es importante por el perfil de sus consumidores.

Como ejemplo la edición 2016 de la cerveza “Bohemia/Noche Buena/Bock”, en la que se aprecian datos como el estilo, las unidades de amargor (IBUS), nota de cata e incluso recomendaciones de maridaje.

Ahora bien, la diferencia radica en que mientras para las grandes transnacionales retomar estas prácticas es una estrategia de mercado, para los cerveceros tradicionales es la base para generar valor en el producto y mantenerlo en el gusto del consumidor.

Asimismo, se han recuperado las características aromáticas, de cuerpo y de sabor en algunas cervezas industriales de edición limitada, para competir abiertamente con las cervezas independientes, cuyo principal enfoque es el sabor y la calidad de los insumos utilizados.

La etiqueta “Bohemia/Noche Buena/Bock” elaborada en México por la Cervecería Cuauhtémoc Moctezuma (CM) que pertenece a Heineken, sin embergo, la marca está posicionada como CM, lo que consiguió a través de una fuerte presencia regional y conquistando el paladar del público.

Con todo lo anterior, cabe la pregunta: ¿vale la pena seguir con actitud purista respecto a una confrontación entre ambas formas y escalas de hacer cerveza?

Quizá se sume más el insistir en lo que dicta la teoría económica regional, “la mejor vía para llegar a negociaciones de largo plazo es que las partes logren un modelo ganar-ganar” y que la política de inversión, acceso a los recursos y especialmente, la tributaria aplicada para esta agroindustria beneficie de manera estratégica al sector y no solo a las empresas que son capaces de pagar grandes cantidades de dinero por acaparar los espacios publicitarios y de exposición.

En resumen, una vez más se comprueba que en el mundo de la competencia (nunca perfecta) no hay enemigo pequeño, pues aunque la cerveza artesanal representa en el país el uno por ciento de la producción anual, las grandes empresas no darán ninguna concesión, pues se juegan altísimas inversiones y además, su margen de maniobra –hasta ahora monopólico bilateral-  se vería seriamente lesionado al dejar crecer el gusto por la cerveza en los paladares de los consumidores y sobre todo en los potenciales.

Es decir, arriesgarse a que los clientes elijan libremente la cerveza que más les guste y satisfaga sus necesidades, es por un lado el principio y el fin de toda estrategia mercadológica, e igualmente el temor de quienes compiten con barreras a la entrada y por tanto deslealmente.

 

*La autora del texto, Elizabeth Montaño “Chef”, es doctora en Geografía por la UNAM. Con 20 años de experiencia en análisis territorial y de política pública dirigida a la agroindustria. Investigadora, profesora, consultora y emprendedora.

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